Ada Domingo: «La diplomacia científica y la cooperación son clave para la reconstrucción de un país en un contexto de guerra»
Ada Domingo Ferrer es licenciada en relaciones internacionales y política exterior y tiene un máster en geopolítica, territorio y seguridad. Su especialidad principal es el análisis de los factores geopolíticos como fuente de conflictos en las regiones de Oriente Medio y Europa del Este. En el Centro Tecnológico BETA de la UVic-UCC, coordina la línea de investigación Science 4 Diplomacy & Cooperation de la Unidad de Gobernanza para la Sostenibilidad. En el centro, coordina varios proyectos con Ucrania, uno de ellos es el proyecto financiado por la Unión Europea, SURE-AMR. Un proyecto enfocado a fortalecer las capacidades de investigación e innovación del Instituto de Biología Molecular y Genética (IMBG) de Ucrania en el ámbito de la resistencia antimicrobiana.
¿Cómo se relaciona tu formación en diplomacia en el mundo científico de la investigación?
Las ciencias sociales son complementarias con las ciencias experimentales, y cada una puede aportar mucho a la otra, y viceversa. Las ciencias sociales, como la diplomacia o la geopolítica, aportan herramientas de análisis en contextos institucionales, normativos, políticos y estratégicos que son esenciales entender por qué la investigación tenga impacto más allá del laboratorio. Cuando alguien se plantea su trayectoria profesional, también puede tener en cuenta esta interconexión y el valor del trabajo interdisciplinar.
Incorporar una mirada de diplomacia científica implica pensar en la investigación también como herramienta de cooperación, confianza y alineamiento institucional. Un ejemplo claro es la participación del BETA como miembro de la Coalición Internacional para la Ciencia, la Investigación y la Innovación liderada por la Comisión Europea por la reconstrucción de Ucrania. Esto es un claro ejemplo de cómo la diplomacia, la cooperación y la ciencia, en un contexto de guerra, son instrumentos clave para construir puentes hacia la reconstrucción de un país.
¿Qué retos supone gestionar proyectos con Ucrania?
Gestionar un proyecto requiere una estrecha comunicación con los socios y una presencia recurrente del consorcio en el país. Sin embargo, esta presencialidad en Ucrania no es posible debido a la situación que vive, lo que representa un reto en el desarrollo del proyecto, pero que a su vez se convierte en un elemento motivador en poner más esfuerzos para impulsarlo.
Además, los cortes frecuentes de electricidad y la falta de calefacción que sufre la población hacen que las condiciones sean especialmente duras para ellos y, de alguna forma, también nos afectan a nosotros, puesto que trabajamos conjuntamente como equipo.
¿Desde tu punto de vista qué se espera ver en un futuro con el proyecto SURE-AMR?
El SURE-AMR es un punto de partida para que IMBG pueda acceder a una mayor financiación competitiva procedente de fuentes europeas. Les estamos ayudando a crear un equipo dentro del centro, formado por gestores de investigación, que funcione como una Oficina de Internacionalización. Esto permitirá a los investigadores disponer de apoyo administrativo y financiero para acceder a fondos competitivos y que dependan menos de la financiación pública, que ahora es limitada.
En el ámbito más técnico, y como fruto del intercambio de conocimientos científicos, esperamos que este proyecto capacite al centro IMBG para poder apoyar, en un futuro, al Gobierno de Ucrania. Y esto pueda impulsar una serie de reformas del Plan Nacional sobre la resistencia antimicrobiana (AMR), con el objetivo final de avanzar hacia la adhesión a la Unión Europea (UE).
¿Qué es lo que te motiva de tu trabajo?
Me motiva ver cómo el trabajo en equipo nos permite acercarnos a grandes objetivos. Es gratificante formar parte de un proceso complejo y exigente como la reconstrucción de Ucrania, y acompañar al país en su camino hacia la adhesión a la UE. Es un proceso que va de la mano de la cooperación científica y de la diplomacia científica.